viernes, 25 de diciembre de 2009

EL ESTATUS DE LA MUJER.

El status mujer trabajadora ama de casa, mujer trabajadora remunerada[1], elemento clave en el comportamiento del valor agregado doméstico. Un análisis bivariado para la preparación de alimentos.


En el anterior análisis de regresión, de manera indirecta se incorporó la condición de mujer ama de casa y mujer trabajadora, mediante la variable tiempo disponible que supone que una ama de casa dispone del 100% de tiempo para aplicarlo a la producción doméstica mientras que una mujer trabajadora remunerada debe distribuir su tiempo diario en dos frentes de trabajo.



Un hecho bastante conocido y verificado una vez más en esta investigación, es que en casi el 100% de las familias es una mujer/esposa/madre a quien se reconoce como la principal responsable de las actividades domésticas relacionadas con la preparación de los alimentos y el aseo de la ropa y de la casa. En consecuencia es interesante contrastar las condiciones en que las mujeres amas de casa y trabajadoras remuneradas realizan los procesos de agregación de valor en el trabajo doméstico.



Se esperaría que el grupo de familias que compran alimentos precocidos y enlatados estuviera mayoritariamente representado por el grupo de las mujeres trabajadoras, debido a varias razones: porque tengan menos tiempo o porque ganen un ingreso que les permita ser más autónomas en las decisiones de gasto; sin embargo los resultados que se desprenden de la siguiente tabla muestran lo contrario.






Tabla No.13 Compra de alimentos precocidos y enlatados según estatus de ama de casa y mujer trabajadora. Manizales, 2000.



Estatus
SI
NO
TOTAL

Amas de casa
32% (a)

79

54% (b)
68%

166

67%


245

Trabajadoras
46%

68

46%
54%

80

33%


148

Total


147


246


393


Chi cuadrado: 7.3

Nota: (a) corresponde a las frecuencias relativas horizontales; (b) son frecuencias relativas verticales.





Respecto al consumo de alimentos precocidos, tienen una relativa mayoría las familias con amas de casa, frente a las familias con mujeres trabajadoras, 54% y 46% respectivamente. Este resultado que contradice las expectativas tendría explicación en el análisis del gasto de comidas fuera de casa. En este sentido se encontró que el grupo de familias con amas de casa, gastó un promedio de $17.784 mensuales, mientras el conjunto de trabajadoras gastó $28.080 mensuales. De lo anterior se infiere que mientras las amas de casa encuentran en los precocidos y enlatados, sus posibilidades de descanso, de salirse de la rutina, de alivianar el trabajo en la cocina o de hacerlo menos esclavizante, las mujeres trabajadoras aumentan estas posibilidades a través de las comidas fuera de casa.



No obstante, de la Tabla No.13 también se deduce que la mayoría de las familias, independientemente del estatus que se le confiere al principal responsable de las actividades domésticas, entre ellas la preparación de alimentos, no compran alimentos precocidos por las razones expuestas en un cuadro anterior que señala el peso que tienen las creencias respecto a la sustitución de los productos elaborados en la casa en relación con los producidos y ofrecidos en el mercado.



La decisión de comprar alimentos listos para el consumo y por tanto de no tener que prepararlos en casa, puede estar mediada por los gustos de las personas o por sus posibilidades económicas; ante esta última condición, se esperaría que una respuesta afirmativa estuviera respaldada por una mayoría relativa de mujeres trabajadoras y una negativa fuera acogida en su mayoría, por mujeres amas de casa. Las predicciones se cumplen parcialmente. Según se lee en la Tabla No.14, las amas de casa superan en un 8% a las mujeres trabajadoras en su disposición para comprar alimentos preparados y no tener que cocinar y en sus respuestas se reflejan las condiciones de rutina, aislamiento y exclusiva responsabilidad en que realizan las tareas relacionadas con la preparación de alimentos. “a mi sí me gustaría no tener que cocinar porque eso es una esclavitud, además me podría dedicar a otras cosas; aunque si tuviera quien me ayudara, yo no lo vería tan necesario”. (Ama de casa)



De lo anterior se interpreta que las amas de casa, pese a tener mucho tiempo disponible, expresan más motivación, que las mujeres trabajadoras, por aliviarse de las responsabilidades culinarias, éstas últimas por tener una remuneración salarial, tienen más posibilidades económicas de contratar empleo doméstico o de compartir las actividades del hogar con otros miembros del grupo familiar.



Tabla No.14 Disposición a comprar alimentos preparados y no cocinar en casa, según estatus de ama de casa y mujer trabajadora. Manizales, 2000.





Estatus
SI
NO
TOTAL

Amas de casa
24% (a)

58

54% (b)
76%

188

67%


246

Trabajadoras
35%

49

46%
65%

93

33%


142

Total


107


281


388


Chi cuadrado: 5.3

Nota: (a) corresponde a las frecuencias relativas horizontales; (b) a frecuencias relativas verticales.



Al igual que en la Tabla No.13, existe una mayoría de respuestas negativas ante la eventualidad de remplazar la producción doméstica en alimentos por la oferta que proviene del mercado; a esta situación se anteponen argumentos que colocan las condiciones afectivas, emocionales y de tradición por encima de la disponibilidad de tiempo y de la capacidad económica. aunque las familias con mujeres trabajadoras, en promedio, tienen más ingresos, el gasto medio en insumos alimenticios es en la práctica igual para ambos grupos de referencia; así lo registran los datos de la siguiente tabla.



Tabla No.15 Ingreso promedio y gastos promedios en insumos alimenticios, según estatus de ama de casa y mujer trabajadora. Manizales, 2000



Estatus
Ingreso Promedio
Gastos Promedio en Insumos Alimenticios

Trabajadoras amas de casa


$ 938.250
$234.688

Trabajadoras remuneradas


$1.055.309
$235.854






Los datos corroboran algo muy establecido por la economía en cuanto a la relación directa entre ingreso y gasto en alimentos; a la vez insinúan el comportamiento inelástico de este grupo de consumo.[2]



El nivel de gasto en insumos alimenticios indica que no habrá mayores diferencias en el valor agregado que obtienen las familias en la preparación de alimentos realizada por las amas de casa y las mujeres trabajadoras. Las diferencias estarían dadas más por la producción bruta que depende en gran parte del tamaño de la familia, del gasto en servicios de agua y energía eléctrica y de la depreciación de equipos.



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[1] Para guardar coherencia con la propuesta teórica de la investigación, el término trabajadora se aplica a ambos grupos de mujeres: amas de casa y trabajadoras remuneradas. No quiere decir con ello que quienes tienen compromisos laborales remunerados no sean amas de casa, ni quienes se dedican 100% al hogar no trabajen. La nominación se hace para efectos de simplificación.

[2] Para los datos de la tabla, a una variación del 12% en los ingresos, corresponde una variación menos que proporcional (0.5%) en el gasto en alimentos.
FUENTE:EUMED.NET